6.5.13



Sin moverse miró cuarenta segundos al sur siguiendo mis indicaciones.
Los pies descalzos le quemaban entre el sol.
Desde el techo más alto de la casa veíamos el camino hacia la fábrica abandonada. La ciudad lucía, a través del silencio, en calma y hermosa. Ella me miró a los ojos. Yo pude verle el corazón como a un boceto en acuarelas.

-ya esperé lo suficiente. 

Me dijo y cerró el estenopo de un golpe.

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