Fui lo que creí,
soy lo que está pasando.
25.6.11
22.6.11
Scaneado de un día de lluvia.
En el momento en que bajo del colectivo, llovizna de nuevo.
El clima me vuelve inevitablemente melancólica, muy a pesar del prometedor futuro que traigo resguardado en la mochila.
Así me siento bien y prefiero caminar cuando adelante mío los veo.
Una pareja de años que conozco del barrio.
Ella, chiquitita y rubia, tiene un paraguas en la mano. Pegado camina ÉL, sobretodo negro y húmedo hasta las rodillas; pasa su brazo detrás de la espalda de La RUBIA -que con permiso, ésta vez es como La Maga-: la madre de su hijo.
Siempre fueron de esas familias bien de Villa Castellino.
Me asombra verlos a pie, ¿tienen el auto en el taller?
No.
Es un ritual romántico.
Sí. Sin duda se trata de un ritual romántico.
Caminar tan lento / mirarse la cara así, / despacio entre la lluvia, / para hablarse bien cerca.
Me adelanto y cuando llevo media cuadra de ventaja, volteo para verlos una vez más a la cara -ellos, por supuesto, nunca me percibieron ahí-.
Como una tempestad repentina -que cae y cae encima mío- comprendo que no solo no se trata de ellos sino que, con los impostores también queda atrás esa idea romántica del amor en la que antes creía y de la que ahora no hago más que reírme y desconfiar.
El clima me vuelve inevitablemente melancólica, muy a pesar del prometedor futuro que traigo resguardado en la mochila.
Así me siento bien y prefiero caminar cuando adelante mío los veo.
Una pareja de años que conozco del barrio.
Ella, chiquitita y rubia, tiene un paraguas en la mano. Pegado camina ÉL, sobretodo negro y húmedo hasta las rodillas; pasa su brazo detrás de la espalda de La RUBIA -que con permiso, ésta vez es como La Maga-: la madre de su hijo.
Siempre fueron de esas familias bien de Villa Castellino.
Me asombra verlos a pie, ¿tienen el auto en el taller?
No.
Es un ritual romántico.
Sí. Sin duda se trata de un ritual romántico.
Caminar tan lento / mirarse la cara así, / despacio entre la lluvia, / para hablarse bien cerca.
Me adelanto y cuando llevo media cuadra de ventaja, volteo para verlos una vez más a la cara -ellos, por supuesto, nunca me percibieron ahí-.
Como una tempestad repentina -que cae y cae encima mío- comprendo que no solo no se trata de ellos sino que, con los impostores también queda atrás esa idea romántica del amor en la que antes creía y de la que ahora no hago más que reírme y desconfiar.
9.6.11
6.6.11
4.6.11
Al Miguel que me lo relató por vez primera.
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
penas que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.
Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.
Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.
Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.
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