30.12.11
29.12.11
http://www.youtube.com/watch?v=DmHg5BaDtGo&feature=related
"Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo."
"Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo."
21.12.11
Cadáver exquisito entre tres.
Salió el año pasado. Sí. Critica y poemas, renovar y colores. El susto entró sin golpear la puerta… toc toc toc,
-Quien es?
-Soy yo, desde aca.
Ahora y ya, suculento, suave y tierno… Poroto imagina que navega, después lo piensa y tal vez no sepa quien es, pero piensa. Ahora. Acá no todo consiste en…uh! Me olvide! Che… ¿está durmiendo? ¿canta una canción? ¿actua? ¿baila?... No se, no importa demasiado.
Desordenado y esperando el llamado de la mesa llena… y Male cambio el orden. Hacer recuperación, fijate en la realidad o sino en la ficción… acercándome le digo: - te quiero besar muy fuerte, intenso y pasional…
Dulce Male, tierno Dan, (linda Ley)
¡Playa! ¡sahumerio, chocolate, manzanas y sidra!
…garrapiñada también.
Salió el año pasado. Sí. Critica y poemas, renovar y colores. El susto entró sin golpear la puerta… toc toc toc,
-Quien es?
-Soy yo, desde aca.
Ahora y ya, suculento, suave y tierno… Poroto imagina que navega, después lo piensa y tal vez no sepa quien es, pero piensa. Ahora. Acá no todo consiste en…uh! Me olvide! Che… ¿está durmiendo? ¿canta una canción? ¿actua? ¿baila?... No se, no importa demasiado.
Desordenado y esperando el llamado de la mesa llena… y Male cambio el orden. Hacer recuperación, fijate en la realidad o sino en la ficción… acercándome le digo: - te quiero besar muy fuerte, intenso y pasional…
Dulce Male, tierno Dan, (linda Ley)
¡Playa! ¡sahumerio, chocolate, manzanas y sidra!
…garrapiñada también.
17.12.11
13.12.11
14.11.11
11.11.11
16.9.11
8.9.11
7.9.11
Ya no más
... de tu vaivén, no ves que ya está, no tiene revés. Ya no puedo recobrar aquella emoción se desdibujó.
4.9.11
"Quería decirle: el cine cree poder consignar lo que usted hace en éste momento. Pero usted, desde donde vaya a estar, sea donde sea, en concordancia con la arena, o el viento, o el mar, o la pared, o el pájaro, o el perro, se dará cuenta usted que el cine no puede". (Duras)
Hoy la Lugones se llenó. El estudiante, de Santiago Mitre.
22.8.11
Demonios y maravillas,
vientos y mareas,
a lo lejos ya el mar se ha retirado,
y tú,
como un alga dulcemente acariciada por el viento,
en las arenas del viento te agitas entre sueños,
demonios y maravillas,
vientos y mareas,
a lo lejos ya el mar se ha retirado,
pero en tus ojos entreabiertos,
han quedado dos pequeñas olas,
demonios y maravillas,
vientos y mareas,
dos pequeñas olas para ahogarme.
20.8.11
11.8.11
hoy, ésto.
Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras.
Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.
Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.
Julio Cortázar.
El Río.
1956.
Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.
Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.
Julio Cortázar.
El Río.
1956.
22.7.11
No me lo vas a creer pero.
La estación en Constitución.
Salir caminando como siempre sin mirar la boletería.
El tren al mar, no: en cambio Lulu, mates con planes de cerveza y tapados escoceses.
Al licuado de banana, sí.
Juan sandía y la poesía, Chile 502, 18.30.
Caminando llega la hija de Munich. Nos invita al surrealismo.
-Bienvenidos.
Chile 338 ¿348? ¿383? Segundo piso, eso seguro. Y un montón de gatos, despulgados.
Una casa así en México, Perú, Los Ángeles.
Medianoche en San Telmo: Mil surrealismo de bicicletas que suenan a la muerte de una rata, de conitos combinados de McDonalds, de 1983 y 1989.
10.7.11
22.6.11
Scaneado de un día de lluvia.
En el momento en que bajo del colectivo, llovizna de nuevo.
El clima me vuelve inevitablemente melancólica, muy a pesar del prometedor futuro que traigo resguardado en la mochila.
Así me siento bien y prefiero caminar cuando adelante mío los veo.
Una pareja de años que conozco del barrio.
Ella, chiquitita y rubia, tiene un paraguas en la mano. Pegado camina ÉL, sobretodo negro y húmedo hasta las rodillas; pasa su brazo detrás de la espalda de La RUBIA -que con permiso, ésta vez es como La Maga-: la madre de su hijo.
Siempre fueron de esas familias bien de Villa Castellino.
Me asombra verlos a pie, ¿tienen el auto en el taller?
No.
Es un ritual romántico.
Sí. Sin duda se trata de un ritual romántico.
Caminar tan lento / mirarse la cara así, / despacio entre la lluvia, / para hablarse bien cerca.
Me adelanto y cuando llevo media cuadra de ventaja, volteo para verlos una vez más a la cara -ellos, por supuesto, nunca me percibieron ahí-.
Como una tempestad repentina -que cae y cae encima mío- comprendo que no solo no se trata de ellos sino que, con los impostores también queda atrás esa idea romántica del amor en la que antes creía y de la que ahora no hago más que reírme y desconfiar.
El clima me vuelve inevitablemente melancólica, muy a pesar del prometedor futuro que traigo resguardado en la mochila.
Así me siento bien y prefiero caminar cuando adelante mío los veo.
Una pareja de años que conozco del barrio.
Ella, chiquitita y rubia, tiene un paraguas en la mano. Pegado camina ÉL, sobretodo negro y húmedo hasta las rodillas; pasa su brazo detrás de la espalda de La RUBIA -que con permiso, ésta vez es como La Maga-: la madre de su hijo.
Siempre fueron de esas familias bien de Villa Castellino.
Me asombra verlos a pie, ¿tienen el auto en el taller?
No.
Es un ritual romántico.
Sí. Sin duda se trata de un ritual romántico.
Caminar tan lento / mirarse la cara así, / despacio entre la lluvia, / para hablarse bien cerca.
Me adelanto y cuando llevo media cuadra de ventaja, volteo para verlos una vez más a la cara -ellos, por supuesto, nunca me percibieron ahí-.
Como una tempestad repentina -que cae y cae encima mío- comprendo que no solo no se trata de ellos sino que, con los impostores también queda atrás esa idea romántica del amor en la que antes creía y de la que ahora no hago más que reírme y desconfiar.
9.6.11
6.6.11
4.6.11
Al Miguel que me lo relató por vez primera.
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
penas que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.
Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.
Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.
Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.
30.5.11
20.5.11
10.5.11
8.5.11
quizá
deba tomarme una revancha.
"Lapsos"
haber descifrado la madeja
haber inquietado estos sentimientos
prolongado estos lapsos
inundado estas ideas y estas palabras
es sólo haber pasado por un aire
sin reflejos siquiera del código del tiempo
todo este espacio fue eterno
¿verdad antigua poesía
anterior lucha
lejana canción
silueta de los labios del último verso?...
todo este tiempo fueron humores
una hilera de cadencias
una cuchillada retirada del cuerpo
una herida vaciada
un leve sueño
y el país entre este signo
y aquel último
(el último rincón mirado
la recóndita falencia representada)
es el país de la huella
¡hibridez de un territorio!
aprisionamiento entre aquella y esta "carne"
intertapiado de rumores
entre eslabones y paredes
de la única poesía
poesía que sangra
y al detenerse abre la frontera
y sopla los papeles vacíos
dice denuncias de ese absoluto dios poético
dios de la miserable porción de infinito entre estas palabras
y las que vendrán
Luis Alberto Spinetta, 08/10/1975.
"Lapsos"
haber descifrado la madeja
haber inquietado estos sentimientos
prolongado estos lapsos
inundado estas ideas y estas palabras
es sólo haber pasado por un aire
sin reflejos siquiera del código del tiempo
todo este espacio fue eterno
¿verdad antigua poesía
anterior lucha
lejana canción
silueta de los labios del último verso?...
todo este tiempo fueron humores
una hilera de cadencias
una cuchillada retirada del cuerpo
una herida vaciada
un leve sueño
y el país entre este signo
y aquel último
(el último rincón mirado
la recóndita falencia representada)
es el país de la huella
¡hibridez de un territorio!
aprisionamiento entre aquella y esta "carne"
intertapiado de rumores
entre eslabones y paredes
de la única poesía
poesía que sangra
y al detenerse abre la frontera
y sopla los papeles vacíos
dice denuncias de ese absoluto dios poético
dios de la miserable porción de infinito entre estas palabras
y las que vendrán
Luis Alberto Spinetta, 08/10/1975.
3.5.11
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