4.3.12


Esa noche la miré por última vez con mi cámara.
Llevaba las uñas de un inhabitual rojo furioso.
Se fumó un pucho acostada, ocupando la totalidad de mi cama.
Parecía pensar en profundidad. 

Yo me enredé entre sus constelaciones.
Cuando quise hablar mi voz sonó rara, ajena, como desde un cuerpo que no era el mío.
Entonces supe que ella se estaba despidiendo.